viernes, 25 de julio de 2008

Sudafrica - Hluhluwe

Hluhluwe está situado al noreste de Durban y se trata de un parque especialmente relacionado con la facilidad para observar rinocerontes, aunque también se pueden encontrar toda clase de animales, incluidos, con suerte con mucha suerte, los cinco grandes.
Las reservas Hluhluwe y Umfolozi son dos parques que funcionan como una unidad. En este parque nacional lo que más vas a ver sin duda alguna son rinocerontes, te los vas a encontrar en cada prado, en cada camino de tierra vas a ver a uno, dos o una familia de tres miembros.
Lo primero que hicimos fue descargar las maletas y montarnos seguidamente en un 4x4. La principal diferencia entre Mala Mala y Hluhluwe es que mientras en Mala Mala te ponían los animales hasta casi tocarlos con las manos y para hacerlo realidad se metían por donde hiciera falta, en Hluhluwe no se separan de los caminos indicados, así que si tienes la suerte de verlos a 30 metros pues a 30 y si son 300 pues mala suerte.
Pagamos la correspondiente entrada al parque, y no os podéis imaginar que animal fue el primero que vimos.......... si efectivamente un rinoceronte. Seguidamente vimos un jabalí. y allá a lo lejos aunque no lo parezca una jirafa que estaba subiendo una montaña algo escarpada.Paramos para hacer un descanso en una zona de picnic del parque, lo que no pensábamos es que íbamos a tener compañía. Quise presentar mis respetos a nuestro vecino con un saludo, pero me dijeron que mejor no me acercase más de donde estaba, ya que si bien los rinocerontes son miopes tienen un excelente olfato y un oído extraordinario, así que siguiendo los consejos de mi guia no me acerque más, no fuese que se molestase. Nos volvimos a montar en el coche y seguimos con nuestra visita, de nuevo unos rinocerontes. El día se acababa, pero Hluhluwe todavía nos tenía que enseñar muchas más cosas. Hoy tengo muy poco tiempo así que lo subiré otro día.

viernes, 27 de junio de 2008

Sudafrica - Mala Mala (2)

Los rugidos de los leones indican que es la hora de levantarse, el sol está empezando a asomar su cara y nosotros medio somnolientos nos levantamos.
Desayuno y al coche que los animales no descansan todos a la vez.
Lo primero que vemos es otro de los big five, nuestro amigo el rinoceronte, que nos tomó como uno de sus amigos porque se puso a pastar al lado nuestro.

Como podéis observar en las fotos se ve el cristal de nuestro coche justo delante de los rinocerontes. Estos animales no ven un pimiento pero tienen un oído y un olfato que suplen la falta de vista, así que en el 4x4 todos estábamos calladitos no fuese que se enfadasen.

Seguimos nuestra ruta y por fin vemos la manada de leones con toda su camada.

Lo que nos extrañó fue no ver a los machos de la manada, así que seguimos buscando a ver si podíamos encontrarlos. Al cabo de un rato nuestra búsqueda dio sus frutos y entonces descubrimos el porqué de los rugidos que nos habían despertado tan de mañana.
Bueno después de ver el ciclo de la vida como en el rey león (nunca mejor dicho), seguimos nuestro camino, al cabo de un rato y de repente como salido de la nada, salió el animal más esquivo de todos, el último de los big five, el Leopardo.
Pasó por mi lado como si nada, en esos momentos pensé en que como se le ocurriese saltar al 4x4 se iba a dar un festín, os aseguro que si hubiera sacado la mano fuera del coche lo hubiese tocado.
La seguimos un rato, era una hembra preciosa. Se adentró en la jungla, donde se sienten más cómodos, los árboles son su refugio y no suelen dejarlos si no es para cazar. Así que la leopardo se sintió cómoda y posó para nosotros la mar de tranquila.

Así acababa nuestro día con la mejor estampa que podía soñar. Habíamos logrado ver a los cinco grandes mamíferos de África.

Volvía a sonar el despertador a las 5 de la mañana, la verdad es que estaba muy triste, era nuestro último día en Mala Mala, si bien tenía muchas ganas de continuar el viaje, sentía mucha tristeza por el hecho de dejar aquel parque tan maravilloso que además nos habían tratado tan bien.
El día nos iba a deparar muchas "piezas", pero quizás una que no por ser muy espectacular era difícil de fotografiar. El antílope sable.

Hubo más fotos de jirafas, rinocerontes, leones, etc. Todo precioso pero era ya la hora de partir, y aunque sentía toda la tristeza del mundo por tener que dejar aquel paraje, nos esperaba Hluhluwe, en el delta de Santa Sofía.

sábado, 21 de junio de 2008

Sudafrica - Mala Mala

Cogíamos el vuelo hacia Johannesburgo, allí haríamos noche. Lo hicimos así después de mucho informarnos. Johannesburgo es la capital y nos informamos que no había mucho que ver o por lo menos que fuese interesante, además es de las 5 ciudades más peligrosas del mundo, así que llegamos por la noche simplemente para dormir y descansar.
Al día siguiente volvíamos al aeropuerto, madre mía que de vuelos, para desplazarnos a la zona el parque Kruguer.
Aterrizamos en el aeropuerto de Skukuza y de allí nos trasladamos a Mala Mala.
Mala Mala es una reserva privada que está muy cerquita del Kruguer.
Mala Mala se fundó en 1927 para el estudio y el disfrute de los animales africanos. Allí se pueden "cazar" a los big five, término anglosajón que determina a estos 5 animales, elefante, búfalo, león, rinoceronte y el más difícil y esquivo leopardo.

Con apenas tiempo para dejar las maletas, nos metemos de nuevo en un 4x4 y nos vamos de "cacería".
La primera pieza en caer es uno de los big five, el elefante. Estamos ante una manada de ellos con alguna cría.

Vemos como el paisaje vuelve a ser diferente a las dos reservas anteriores. Podríamos decir que es un intermedio entre la sequedad de Mashatu y la frondosidad de Matetsi.
Seguimos con nuestra ruta y nos encontramos con una clase de antílope que realmente no me acuerdo de su nombre completo, pero por más que he buscado en el google no ha habido manera, así que si alguien sabe su nombre ya sabe lo que tiene que hacer.

Seguíamos por los caminos de Mala Mala y de repente en una gran extensión abierta y sin cobertura alguna divisamos a un guepardo con su cría. No es normal que estos felinos estén tan al descubierto ya que son los más débiles de todos, suelen tener entre 2 y 5 crías y solo un 25% llegan a la madurez. En estos momentos en Sudáfrica hay programas de conservación de estos felinos, los más rápidos del planeta ya que empiezan a estar en peligro de extinción.
Ya estábamos volviendo al campamento para comer y descansar cuando nos topamos con una leona, que estaba sola, el guía nos dijo que la manada debía estar cerca. así que nos sugirió una parada corta para poder ir a reponer fuerzas.

Después de degustar un fabuloso estofado de antílope, decidimos que era la hora de hacer una siesta.
Ya a media tarde volvimos a montar en el 4x4, para ver la fauna al anochecer. Suele haber mucha más actividad cuando el sol se pone.

La noche se empezaba a cerrar y pudimos ver a la manada de la que el guía nos había hablado antes, aunque no estaban por la labor de posar para nosotros, así que solo pude obtener una buena foto de un macho.
La noche era ya cerrada así que debíamos volver para cenar al raso con una buena hoguera.

jueves, 22 de mayo de 2008

Sudafrica - Cataratas Victoria

Aquí estamos en el aeropuerto de Kasane, dispuestos a coger un transporte que nos lleva a la reserva natural de Matetsi en Zimbawe, muy cerquita de las Cataratas Victoria.
Matetsi se encuentra a aproximadamente una hora de camino del pueblo, Victoria Falls. Este es un lugar para disfrutar de la naturaleza, excepcionalmente ubicado a escasos metros de río Zambeze, un lodge quizás un poco caro, pero vale la pena por lo que ofrecen.

Tanto el lodge como las vistas que tienes son increíblemente bellas, así que vale la pena el esfuerzo de pagar un pelín más.
Bueno después de ver el lodge, directos al 4x4, volvemos a cazar. A primera vista se nota la diferencia entre Matetsi y Mashatu, el río Zambeze lo cambia todo, mucha más vegetación y mucho más verde a tu alrededor. La primera pieza fue una jirafa.

Después el impresionante río Zambeze fue mi principal objetivo.

Después de la primera toma de contacto nos preparamos para la cena. Preparase si, porque es una experiencia inolvidable la cena bajo las estrellas, al calor de las hogueras que nos protegen de la fría noche africana. Una mesa impecáblemente puesta, un servicio magnífico acompañado de un buen vino de la región, que más se puede pedir en esta vida?
La hora de dormir estaba cayendo, así que lo mejor era ir a visitar a Morfeo y que nos diese su abrazo.

El despertador tocaba a las 6 en punto, hora de coger el autobús para ir al pueblo y visitar las Cataratas Victoria.
Cuando el Dr. Livingstone descubrió para la civilización europea esta maravilla de la naturaleza, en 1860, y la bautizó con el nombre de la reina Victoria, las cataratas ya eran bien conocidas, lógicamente, por los habitantes de los alrededores del Zambeze, quienes se referían a ellas como "Mosi-oa-Tunya" lo que, al parecer, significa algo así como "el humo que truena". Y no es una mala definición para describir una de las más espectaculares maravillas naturales de nuestro planeta.Sus 1.708 metros la convierten en la más ancha cortina de agua del mundo. Por supuesto, hay otras cataratas más altas, pero sus 100 metros de caída y sus más de medio millón de metros cúbicos (de media) por minuto, hacen de ellas un espectáculo verdaderamente excepcional.
Las cataratas están justo en la frontera entre Zambia y Zimbabwe, pudiendo ser visitadas desde ambos lados. Nosotros las visitamos desde el lado de Zimbawe, pero no descarto en un futuro visitarlas desde Zambia.

La visita a las Cataratas Victoria tocaba a su fin, nos dimos un largo paseo por el pueblo y disfrutamos de algunas compras en las tienditas que hay, regateando por supuesto, aunque siempre te quedas con la sensación de que lo podías haber conseguido más barato.
De vuelta al hotel para poder hacer una excursión en barco por el río Zambeze bueno más que barco es una plataforma a motor que dispone el hotel. Allí pudimos ver nuestros primeros cocodrilos y a unos pescadores.
También hay situaciones curiosas como ver en la orilla a alguien practicando el karate, con su kimono y todo.
Pero lo mejor estaba por llegar, el atardecer. Ver como el sol baja lentamente hasta fundirse con las aguas del río Zambeze, hace que te sientas bien, que estés durante unos breves instantes en una paz absoluta.

El día tocaba a su fin, pero no sin antes degustar otra magnífica cena a la luz de las estrellas.

Al día siguiente nos levantábamos aun más temprano el día tenía que dar mucho de si, ya que volvíamos a las Cataratas Victoria, pero esta vez no para verlas, sino para sentirlas. Nos habíamos apuntado a hacer un rafting en el río Zambeze, y la verdad es que os lo recomiendo, es una grado 5, para los que hayáis hecho raftig alguna vez es el grado más elevado que existe dentro de lo comercial, y vale la pena, ni Dragon Khan, ni gaitas. De lo más alucinante que he vivido en esta vida, ver como una pared de agua te echa desde el principio de la barca al final es impresionante, aunque quizás lo más alucinante lo pondré de aquí unos días cuando estemos en Ciudad del Cabo.

Las Cataratas Victoria y Matetsi llegaban a su fin, volvíamos a coger el 4x4 pero esta vez para dirigirnos al aeropuerto y a toda prisa que sino perdíamos el vuelo, atrás dejábamos los baobabs y sobre todo al humo que truena.